Ese cielo estrellado me trajo tantos recuerdos... de esa primera vez en la que contemplé su hermoso reflejo en el manantial, de esas charlas profundas que nos acababan dejando sin palabras, maravillados por todo, fascinando con hadas y seres de dudosa existencia a nuestros ya curtidos buenos años...
Y seguiré afirmando a día de hoy que lo que más me encantaba era el brillo en tu mirada... esa que tanto expresaba sin decir realmente nada...
Suspiré, cerré los ojos con fuerza y pedí un deseo al ver esa pequeña estrella fugaz, ¿y sabes qué es lo que deseé? Deseé tener mil noches más como esta.
Carla Asenjo Cassano
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